La llegada a nuestra ciudad de Prensa Ibérica ha constituido un paso positivo en los últimos 50 años de la historia de la ciudad y digo esto recordando el claro enfrentamiento que la célebre Comisión de Fiestas de la década de los 70 tuvo con la prensa del momento. Aquello fue un triste presagio de lo que nos esperaba.

En primer lugar, la desbandada de instituciones como fue la marcha del Regimiento de Toledo dejando abandonado el Cuartel Viriato, el Banco de España, con doble partida, construyendo primero un edificio nuevo que apenas inaugurado quedó abandonado. Asimismo, la gran empresa hidroeléctrica Iberdrola cierra sus oficinas. De la misma manera, lo hace otra institución en un nivel inferior, la ONCE, la Organización Nacional de Ciegos.

A lo largo de estos cuarenta años hemos visto desaparecer los grandes negocios familiares del comercio zamorano que durante muchas décadas constituyeron la base económica de la ciudad y que abastecieron a su población y a las gentes de la provincia. Familias con tradición empresarial cuyos apellidos están en la mente de todos.

No podemos olvidar grandes proyectos abandonados como el Palacio de Congresos, con su socavón de la vergüenza

La tímida industria agroalimentaria de la ciudad que empleó a nuestros jóvenes durante décadas nos abandona igualmente en este período. No hace falta que nombre varias marcas que, aunque desplazadas, siguen estando indiscutiblemente unidas al nombre de Zamora.

Junto a este fenómeno de abandono y decadencia van quedando silenciosos, edificios singulares cuyo cierre constituye una prueba más de la desbandada que parece marcar la agonía anunciada que sin ninguna duda se acentúa por el sucesivo aumento de solares, especialmente, en el casco viejo impregnándolo de un carácter ruinoso y desolador, indigno para nuestro centro histórico.
No podemos olvidar grandes proyectos abandonados como el Palacio de Congresos, con su socavón de la vergüenza, el Centro Cívico y Social del antiguo matadero, que parece no terminarse nunca, el Museo Baltasar Lobo que no encuentra una ubicación adecuada, la Fundación Rey Alfonso Henriques que apenas hace notar su presencia en la ciudad y la Fundación León Felipe que al parecer se encuentra en un perenne estado de inestabilidad.

En contraste a este panorama desolador, vamos a recordar modernas construcciones que han mejorado el panorama de las actuaciones urbanísticas, situaciones mucho más positivas con reconocimiento dentro y fuera de nuestra ciudad. Así tenemos el Museo Etnográfico de Castilla y León, el Museo de Zamora, el Consejo Consultivo, el Archivo Histórico, Palacio de la Alhóndiga, Ifeza, varios institutos de educación secundaria y bachillerato, y el Puente de los Poetas.

De los restos históricos de nuestra ciudad maltratados durante décadas, por fin, surge el proyecto del cuidado definitivo de la muralla del primer recinto medieval, base y fundamento de la larga historia que sobre él se ha vivido. Liberada la muralla de los edificios que la asfixian se iniciará su restauración, lo que constituye uno de los motivos más destacados del conjunto histórico y que, sin duda, será un atractivo para el turismo.

No quisiera cerrar este breve recorrido por la ciudad durante los cuarenta años de vida de Prensa Ibérica, sin citar el proyecto del Museo de Semana Santa que esperemos responda en todos sus valores a la categoría que le corresponde, por su significación y esa historia cargada de esperanza, de sueños y realidades que por fin tendrá una sede noble y digna tantos años esperada. Siempre han huido las sociedades modernas, una vez llegadas a su máxima plenitud, de los minifundios por ser peligrosos, por su falta de criterios claros proyectados por caprichos y criterios personales y no a la visión creadora de engrandecimiento y futuro. Posiblemente este museo constituya la gran obra que esperamos cuaje definitivamente devolviendo la unidad y grandeza de su misión a esa Semana Santa que ha marcado los más altos niveles en la historia de nuestra ciudad. Esperamos que este despertar constituya la base de un proyecto de futuro.

¡Que así sea!

A pesar de todo, hemos dado a conocer el silencio triste y pesaroso que parece respirarse sin remedio hacia el futuro de nuestra ciudad. Prensa Ibérica, testigo noble y fiel, al asumir el camino está marcado etapas y lanzando avisos que hemos de reconocer cumplen con su misión a lo largo de sus páginas.