Creo que he leído este periódico, en sus diversos formatos, desde niño, incluso cuando nos íbamos de Zamora a pasar el verano a casa de mi abuelo en Barcelona, mi padre pedía que se lo enviaran y allí lo seguíamos leyendo. Pero, obviamente lo he leído con mayor interés desde que también hace 40 años comencé a trabajar en Zamora, 40 años de celebración de su acogida en Prensa Ibérica y de nuestra Constitución, así es que con gusto y algo de nostalgia, aporto mi vivencia en estos 40 años en las infraestructuras, respecto de las que cabría comenzar por decir que:
Zamora ha pasado de tener 0 kilómetros a 350 kilómetros de autovías. Con un valor medio de 5 millones de euros por kilómetro resultaría una inversión en Zamora entorno a los 1.750 millones de euros en autovías.

Zamora ha pasado de tener 0 kilómetros a 70 kilómetros en servicio y más de 100 kilómetros en construcción de AVE. Con un valor medio de 8 millones de euros por kilómetro, resultaría una inversión en Zamora que ronda los 1.360 millones de euros. Zamora estaba a 4 horas de Madrid en tren, ahora a una hora y veinte.

Hace 40 años Zamora producía 0 MW por hora de energía eléctrica eólica y hoy produce un millón de MWh al año, superando en años secos y ventosos la producción hidráulica y pudiendo abastecer el consumo provincial estimado en 686.000 MWh.

Zamora ha pasado de cero kilómetros en autovías a 350, lo que supone unos 1.750 millones de euros en inversión

Creo que en estos 40 años las dos mayores aspiraciones infraestructurales zamoranas han sido la conexión por autovía con Madrid y la red española, convirtiendo en autovía el tramo Zamora-Tordesillas, y que el AVE llegara a Zamora.

Sobre el tramo Zamora-Tordesillas hay dos fotos publicadas en este mismo periódico que creo significativas:
La primera es del 20 de marzo de 1981, estoy como delegado del MOPU: Ministerio de Obras Públicas y Urbanismo, con Juan Ramón Ónega, entonces gobernador civil, inaugurando la carretera N-122 en su configuración REDIA: dos carriles de 3,5 metros, dos arcenes de 2,5 m y buen firme, muchos ya no se acordarán de cómo estaba antes, pero aquel día fue una fiesta sobre la que veníamos trabajando desde tiempo atrás.

Entrada a la autovía A-11 desde la capital zamorana. | José Luis Leal

La otra foto es veinte años después: 15 de febrero de 2001, Consejero de Fomento de la Junta, menos pelo, más kilos, comienzan las Obras de la autovía Zamora-Tordesillas.

Los que hemos dedicado nuestra vida profesional a las Obras Públicas sabemos que no comienzan en la inauguración, sino mucho antes: primero planificarlas, muestra determinante de la voluntad política de hacerlas, estudios previos, información pública, alegaciones, evaluaciones de impacto ambiental, proyectos técnicos rigurosos y económicamente viables y, sobre todo, financiación, expropiaciones, licitarla, adjudicarla… Más de 80 trámites que duran no menos de tres años.

En el 2001, Castilla y león era “Región Objetivo 1” de la Política Regional Europea, y para acometer una infraestructura de esa envergadura, era absolutamente imprescindible la financiación europea, lo que suponía que si no estaba incluida en El Plan de Desarrollo Regional que se enviaba a Bruselas, no se podría hacer.

En el primer Plan de Desarrollo Regional, 1989-93 que el Gobierno español envío a Bruselas, la N-122 no se planificaba como autovía; tampoco en el Plan Director de Infraestructuras (PDI) 1993-2007 que mejoró la accesibilidad en amplias zonas del país, pero no en Zamora, ni en Castilla y León. Tampoco allí esta nuestra autovía N-122.

Un tren Alvia pasa por el bosque de Valorio en Zamora. | José Luis Fernández.

La N-122 es parte de la Red del Estado, no de la autonómica. No obstante, en un caso sin precedentes y ante la no voluntad del Gobierno central por aquellos años para que fuera autovía, la Junta de Castilla y León había firmado un convenio con el ministerio, para que aun no estando prevista como autovía, se hiciera como tal, y la Junta pagase la diferencia, un 30%, algo insólito en España, pero el caso es que hasta el año 2000 sigue sin haber dinero europeo, lo que imposibilita su comienzo.

En el período 2000-2007 pudimos ya incluirla como autovía en al Plan enviado a Bruselas, lo que suponía fondos europeos para la financiación estatal y así se pudieron comenzar las obras de forma muy excepcional, pues aún no estaban terminadas las expropiaciones, pero felizmente conseguimos que el Ayuntamiento de Villalar cediera sus terrenos y pudo comenzarse la ansiada autovía.

Respecto del AVE, en el borde del nuevo milenio, conseguir líneas de ferrocarril de alta velocidad para las diversas regiones españolas se había convertido en una verdadera competición y para adelantarnos en traer el AVE a nuestra tierra, necesitábamos una estrategia clara y consensuada que establecí en comenzar las actuaciones por el tramo Segovia-Valladolid, sin problemas medioambientales, todo en nuestra región, sin muchas dificultades técnicas, menos costoso y que haría irreversible el resto.

Necesitábamos interlocutores: otro ministro de Fomento y otro secretario de Estado de Infraestructuras. El AVE Madrid Norte-Noroeste, atravesaría el Guadarrama planteando numerosos problemas medioambientales y técnicos, y desde mi llegada a la Junta, había comprobado, cómo controlaba la cuestión el secretario de Estado, exconsejero de la Generalitat de Cataluña, que yo conocía como compañero y en mi etapa en Bruselas, así como todo el lobby catalán, que habían “despistado” con numerosos estudios y alternativas la variante de Guadarrama. Todo aquello parecía más un argumento para su retraso, de forma que los fondos europeos fueran casi exclusivamente al AVE Madrid-Barcelona.

La presa de Ricobayo, en Zamora. | J.N.

En marzo de 2000, el PP gana las elecciones y ante el previsible cambio de Gobierno sugiero y convenzo al presidente de la Junta, Juan José Lucas, para ir a ver al presidente Fraga, y plantear una estrategia conjunta Norte-Noroeste, y que propusiera a José María Aznar nombrar un ministro más favorable a nuestros intereses, nos fuimos a Santiago y se convenció a don Manuel que el más adecuado parecía Francisco Álvarez Cascos, asturiano y por ello, también interesado en el Norte-Noroeste.

Con la estrategia de comenzar por el tramo Segovia-Valladolid y otra sensibilidad en el ministerio, adelantamos a Cataluña y a Valencia, aún discutiendo si por Cuenca o Albacete.

Cuestión clave era la adjudicación de los túneles del Guadarrama con una fuerte problemática medioambiental, en la que parecía muy recomendable aprovechar la euforia de la campaña electoral de las generales de marzo del 2000. Hicimos muchos esfuerzos y se consiguió que el Consejo de Administración del GIF (hoy ADIF) se viniera a Valladolid y los adjudicara el 8 de marzo.

En todo caso, yo estaba detrás de arrancar un compromiso al Estado para realizar las infraestructuras necesarias en nuestra tierra, lo que se consiguió en la jornada llamada Viaria que celebramos en febrero de 2001, durante la que se produjo el nombramiento de Juan José Lucas como ministro de la Presidencia, lo que le quitó brillo informativo, pero su importancia real fue enorme, pues, en ella, a través del ministro Cascos, se comprometió la planificación del Estado para las infraestructuras de nuestra tierra. Fue la primera vez en la historia que eso se hacía, era absolutamente necesario y en ello veníamos trabajando con ahínco, recuerdo que mi colega Pepe Valín comprendió bien el alcance del compromiso que yo reclamaba. Coincidí con el ministro en Pola de Gordón, un sábado visitando los sondeos previos a la variante de Pajares, recuerdo me dijo: “Este año, (2000), tendremos que ponernos el chubasquero y aguantar el chaparrón, pero el 2001 y, sobre todo, el 2002 a inaugurar”. Los avatares de la política hicieron que el 19 de julio del 2001, ya no fuera yo consejero de Fomento, pero aquel día presencié satisfecho cómo el presidente del Gobierno ponía la primera traviesa del AVE Norte-Noroeste, precisamente en el tramo Segovia-Valladolid, el ministro Cascos me recordaba lo del chubasquero y, algunos periodistas de la tierra me decían: “Cuando nos lo contabas, no te creíamos…”.