Cuarenta años en la Semana Santa de Zamora son muchos. Y más estos últimos en los que la evolución de la propia sociedad zamorana y nacional ha sido muy notable a todos los niveles, político, económico y social. Para una tradición que arrancaba con fuerza a mediados del siglo XIX por iniciativa y empeño del comercio local y la aparición providencial del imaginero Ramón Álvarez, estos últimos años, a caballo entre dos siglos, han sido los de la consolidación definitiva de esta celebración entre las más populares y admiradas del país. Para ello fue necesaria una suma de objetivos, que lograron transformar una conmemoración exclusivamente religiosa en una sabia composición de “ismos”: pietismos, costumbrismos y mercantilismos que, sin apenas estorbarse, engrandecieron la popularidad del rito. La imprescindible colaboración de la iglesia por una parte y por otra, la fecunda labor de varias generaciones de zamoranos identificados con el sentido religioso y popular de esta tradición, proporcionaron una base sólida sobre la que se cimentó una fama cada vez más creciente en todo el territorio nacional y mas allá, que alcanzó su punto álgido con la declaración oficial de Interés Turístico Internacional en 1986, cuando este título tenía un valor muy apreciado. La primera aparición de sus principales procesiones en TVE allá en 1967, había abierto una ventana grande a esa popularidad. Y las de 1988, 1997, 2001 y 2003, fueron la confirmación más rotunda de la admiración de millones de telespectadores en canales internacionales, por una Pasión tan original y atractiva desde la religiosidad a la belleza plástica.

En 1987, Zamora dio un paso al frente para organizar el primer congreso nacional de cofradías de Semana Santa que ciudades con celebraciones de mayor o parecido rango no habían conseguido arrancar. Tras un año de intenso trabajo, Zamora abría la puerta a estos encuentros o reuniones de carácter científico, artístico, antropológico, y por supuesto, de religiosidad popular, ya entonces tan en boga, que luego se extendieron por todo el país en forma de encuentros, congresos de hermandades y cofradías de similares advocaciones y nombres.

Los reyes Juan Carlos y Sofía en el Museo de Semana Santa en el centenario de la Junta de Cofradías.

La Semana Santa zamorana es admirada por su originalidad desde la religiosidad a la belleza plástica

En 1989 se cerraba el corolario de las cofradías locales de penitencia, con la hermandad de “Jesús, Luz y Vida”, una idea del periodista Manuel Espías Sánchez, propuesta en su pregón dos años antes y que aportó la originalidad de hacernos mirar a todos los zamoranos en las vísperas de la Semana Santa al lugar en el que yacían quienes, entre otros, nos habían legado esta hermosa tradición religiosa y popular.

El centenario de la muerte del imaginero don Ramón Álvarez en 1989 fue otro acontecimiento de indudable relieve nacional, al organizarse una serie de actos que atrajeron numerosos visitantes, principalmente la soberbia exposición de las obras de don Ramón Álvarez hasta entonces seriamente documentadas y de aquellas otras que restauró o retocó. Grupos escultóricos e imágenes de Pasión y de Gloria convivieron durante un mes en las naves de la Catedral en una exposición perfectamente diseñada y encajada en aquel espacio.

Aquel año los zamoranos pudimos conocer con más detalle la vida y obra de don Ramón Álvarez en una publicación del historiador José Andrés Casquero, que aportó datos biográficos hasta entonces inéditos del imaginero y el detallado estudio analítico de la sociedad zamorana de su tiempo realizado por el profesor Miguel Ángel Mateos.

La Soledad, obra cumbre del imaginero zamorano Ramón Álvarez.| Emilio Fraile

En marzo de 1990, vísperas de la Semana Santa, se edita en nuestra ciudad un nuevo diario, la Opinión de Zamora, del grupo Prensa Ibérica, que pasa a vivir desde el primer momento los acontecimientos de mayor relieve de la vida de la ciudad y provincia y por ello, también de esta festividad tan incardinada en el sentimiento popular. Así lo indica su primer extraordinario dedicado a la celebración publicado pocos días después de su primer número, el domingo de Ramos, 8 de abril.

El paso de la Santa Cena, costeado por Diputación y Ayuntamiento, abrió en 1991 la serie de incorporaciones escultóricas, hasta ocho, que han efectuado algunas cofradías con o sin patrocinio exterior en todos estos años. En algunos casos vinieron a reforzar la categoría artística de la Semana Santa pero en otros, afortunadamente los menos, no acompañó el resultado a los buenos propósitos de sus promotores.

La ciudad que, desde 1951, con el busto de Ramón Álvarez en la antigua plaza del Magistral Erro, parecía cumplir su agradecimiento y recuerdo urbanos al imaginero como figura central de la gloria de su tradición, incorporó dos figuras señeras al bronce de los monumentos de la ciudad, Barandales en 1994 y Merlú en 1996, que ocupan hoy lugares relevantes en la geografía de la ciudad. Ambos rendían con su presencia homenaje a quienes, desde siglos antes, trabajaron por el esplendor de esta tradición y pusieron las bases de su posterior popularidad nacional. El busto de don Ramón cambió de emplazamiento para acogerse al espacio verde creado en la plaza mayor, tras ser derribada la que fuera capilla de la Soledad adosada como un buen número de viviendas, al templo de San Juan. La estatua del Barandales es obra de Ricardo Flecha, el Merlú de Antonio Pedrero y el de Ramón Álvarez, de Hipólito Pérez Calvo, salvo el busto, obra de Ramón Núñez.
El Museo de Semana Santa, nacido en 1964 por iniciativa providencial de la Cámara de Comercio e Industria de la ciudad, fue un amplio local de recogida de pasos en peligro de perecer, guardados en las destartaladas paneras de la Congregación y del Santo Entierro. Este lugar se convirtió poco a poco en una de las exposiciones más visitadas de la ciudad ante el paulatino crecimiento del turismo, más lento de lo que se merecía la ciudad y su rica geografía histórica y artística. En 1993 el Museo se amplió y remodeló, con otro generoso retoque en 2001, debidos ambos al apoyo imprescindible del gobierno de Castilla y León. Tantos años después, la Zamora semanasantera está ahora inmersa en el largo proceso de la edificación de un nuevo museo en el mismo espacio, confiando que pueda ser uno de los monumentos emblemáticos de la ciudad en el futuro. Un reto inalcanzable si no cuenta con el imprescindible y obligado apoyo institucional.

Pero la Semana Santa zamorana ha dado algunos pasos más. Por ejemplo, en la consolidación de actos religiosos, cuidadosamente estéticos, en el transcurso de sus procesiones, obteniendo así mayor esplendor y participación popular. Se ha enriquecido notablemente el contenido de las procesiones en la calle aunque hayan languidecido los actos de culto de los propios templos en los que se veneran sus imágenes de mayor devoción ante una nueva etapa de tibieza religiosa en general.

Hoy día la Semana Santa de Zamora ha conseguido en líneas generales una perfecta organización interior y exterior de sus procesiones, en las que se amalgaman la sobria y cuidada presentación de sus penitentes y la calidad artística de sus figuras en un escenario original, antiguo, tocado de una serena aunque triste soledad el resto del año. Le sobran algunas adherencias, al conjuro de imitaciones acústicas o estéticas fuera de lugar, discordantes en una Pasión tan sobria y original como la que recibimos de nuestros mayores.

Son muchos los zamoranos que han contribuido en todo este tiempo a dar una firme base y un esperanzador futuro a esta santa tradición. Miles de penitentes que hacen posible con su participación personal y económica la vitalidad de las hermandades y su brillo en las calles, tantos y tantos directivos calladamente trabajadores todo el año, autoridades locales y provinciales, empresas colaboradoras, y medios de información nacionales y locales, entre ellos éste de la Opinión de Zamora. Su contribución, sacrificio y acierto tuvieron en todo este tiempo un valioso testimonio en las páginas de este diario. Y en su hemeroteca quedarán ya reflejados para siempre. Que esa simbiosis, Pasión y Opinión, siga creciendo otros cuarenta años, multiplicados por cuarenta al menos.