Las artes plásticas en la Zamora de hace cuarenta años son aquí principio de algunos hechos que han ido conformando parte de la vida cultural de esta ciudad.

Con personal resumen quiero destacar aquellos aspectos que han tenido una clara significación hacia nuestra ciudadanía. En los años Setenta del pasado siglo van a acontecer paralelamente los inicios de las Bienales de Pintura y Escultura -hoy absurdamente desaparecida- , la Bienal de Poesía -antecesora del vigente Premio Claudio Rodríguez- , las Viejas Músicas (un ejemplo que debió tener continuación y que de alguna manera ha enlazado con el internacional y prestigioso Pórtico de Zamora que, según las últimas noticias, también desaparece, sin que se nos caiga la cara de vergüenza) o aquellas Ferias y Fiestas de San Pedro en el parque del Castillo de inolvidable acervo común de las que aún perviven con vigoroso latido la Feria de la Cerámica, la del Ajo y el Festival Flamenco.

Agitaron por entonces a este ciudad que parece que olvida muy pronto hasta sus aciertos, no sé si consciente o inconscientemente, e ilusionaron unos cuantos años a sus ciudadanos generando una movilidad social nueva hasta entonces, envidiada por provincias limítrofes de una mayor capacidad económica. Algo que debería ser motivo más que suficiente para una profunda reflexión de todos y de este nuevo espacio social que es ‘Zamora 10’ que comienza a andar acertadamente.

Aquellas Bienales, hoy tristemente desaparecidas, fueron un antes y un después para las artes plásticas en Zamora

Aquel arranque se debió a una sensibilidad ejemplar a todas luces y a un hombre: Miguel Gamazo Pelaz, entonces alcalde, abogado, crítico de arte y poeta, y a unos cuantos ciudadanos que pusieron como objetivo el bien de Zamora antes que su nombre.

El Hombre Adámico, de Baltasar Lobo.

Aquellas Bienales fueron un antes y un después para las artes plásticas en Zamora junto a la labor coetánea de instituciones entonces pujantes como la Caja de Ahorros Provincial de Zamora, impulsora moral entre otras cosas del Museo Etnográfico de Castilla y León, que pudo crearse con sus importantes fondos y los de la Comunidad y gracias también a dos importantes nombres: Miguel de Unamuno Pérez, director de la entidad, y Antonio Redoli, responsable de su Labor Social, que de alguna manera tendrían que estar significados en el propio centro de Etnografía regional.

También a ellos y a esta Caja zamorana se debe la gestión y consecución de la obra donada a la ciudad por el gran escultor zamorano y universal Baltasar Lobo, entonces afincado en París y buque insignia del arte plástico zamorano para cuyas excelsas y numerosas obras aún se sigue buscando el lugar de exposición más idóneo, cuando se cumplen ya veinticinco años desde su muerte.

Asociaciones recientemente creadas como los Amigos de Baltasar Lobo y Zamora 10 junto a Ayuntamiento, Diputación y Junta de Castilla y León y otras instituciones y entidades están en este empeño que yo quiero señalar como el hecho artístico más importante ocurrido en los últimos tiempos de la historia moderna de Zamora. De forma paralela, en estos años el arte plástico en la ciudad va a nutrirse de dos hechos muy importantes como son la creación de la Escuela de Artes y Oficios, en los Ochenta, y la Facultad de Bellas Artes de Salamanca, donde numerosos alumnos van a tener formación reglada en el Arte, haciéndose notar en el ambiente artístico zamorano estos nuevos aires contemporáneos que van a aportar nombres emergentes de notable valía tanto para la pintura como para la escultura.

Esta influencia se hará ostensible en la relación de la vida social y del gusto plástico que va a ser con mayor apertura y evolución contemporánea hacia el Arte. Son estos momentos de intensos cambios en la sociedad zamorana los que hay que agradecer a entidades como Caja Salamanca, Caja Rural, Casa de Cultura y la ya mencionada Caja Provincial, así como a instituciones oficiales, y felicitarlas por su buena política de exposiciones, que continúan fomentando.

Asimismo contribuirán a la vida artística de la ciudad algunas salas particulares como la ya desaparecida Calidoscopio o Espacio 36, única galería privada vigente.

Los artistas Tomás Crespo, Antonio Pedrero y Fernando Mayoral en una muestra en Zamora.| Emilio Fraile

La nómina de autores -pintores y escultores- resultaría muy extensa para incorporar a este pequeño resumen por lo que me ceñiré tan solo a citar una exposición que aunque fue dedicada a los fondos artísticos de la Diputación Provincial con motivo de los 200 años de su creación en 2013 resumía, aunque algo incompleta, la trayectoria del Arte desde el siglo XIX hasta nuestros días. Creo que es muy urgente reivindicar tanto el lugar (antiguo palacio de la Diputación, notable ejemplo del siglo XIX casi cerrado para su contemplación) como a los autores que la integraban por entender que, aunque cercana en el tiempo, representa un vacío existente y casi inadmisible.

La exposición, organizada bajo el título de “200 años de Arte en Zamora”, fue auspiciada por la Diputación Provincial y dirigida por Ángel Luis Esteban y por quien esto escribe así como por miembros de una Comisión creada al efecto, y en ella se reunían autores desde la Escuela del imaginero Ramón Álvarez hasta la actualidad, reseñados en un texto explicativo mío en cuyo final se reivindicaba este espacio expositivo para el Arte zamorano, como así se prometió públicamente en la inauguración de la muestra por parte de quien era presidente de la institución provincial en 2013. Creo que nunca tendrían mejor destino sus paredes que el del buen arte, en este caso el de los autores de la ciudad y de su provincia. Su situación en la columna vertebral de la ciudad y el propio edificio lo merecen. Creo también que la Diputación debería estudiar muy en serio el asunto, pues su importancia lo requiere; sería un incentivo muy importante para la cultura y el turismo de la ciudad.

La recién fundada asociación Amigos de Baltasar Lobo también ha pedido este noble edificio como sede del Centro de Arte Baltasar Lobo y creo que, bien estudiado, sería compatible con el proyecto de albergar los “200 años de Arte en Zamora” y que muy bien representa a los fines de la Diputación, de Zamora y de su provincia.

Otras sugerencias serían motivo ineludible de ampliar hacia el futuro artístico zamorano su potencial de artistas plásticos generados desde la propia ciudad, como la Escuela de Arte de San Ildefonso (1947-1976), de la que unos cuantos nombres son suficiente garantía para dedicar en Zamora un espacio a toda una generación que está desapareciendo físicamente y que ha llevado sus obras por toda la geografía nacional e internacional, prestigiando siempre a Zamora y a la que prometo dedicar un próximo artículo por su importante ejemplo y dedicación al servicio del Arte zamorano hacia la modernidad por entender que es un ejercicio de justicia.

Creo, finalmente, que el Arte actual en Zamora goza de muy buena salud con los artistas emergentes que demuestran día a día sus valiosos retos y capacidades.