A finales de 1978, Zamora dibujaba la estampa de una provincia que luchaba por salir del mapa de la España pobre, aupada sobre los cimientos de una democracia incipiente que se consolidaría el 6 de diciembre de ese año con la aprobación de la Constitución Española. Una fecha histórica que inauguraba la etapa más larga de prosperidad y libertad vivida por el país, que coincidía con el nacimiento del que acabaría siendo un gran grupo editorial: Prensa Ibérica, de la mano del presidente Javier Moll y la vicepresidenta Arantza Sarasola.

Ensimismada en sus propios problemas de desarrollo, que cuarenta años después permanecen, la provincia zamorana asistía al nacimiento de una nueva era reflejada en las páginas de El Correo de Zamora, por entonces integrante de los Medios de Comunicación del Estado, situación que se prolongaría hasta 1983. El 6 de diciembre de 1978, la portada desplazaba la cabecera, entonces dirigida por Sixto Robles, a los pies de la primera página para destacar en titulares: “El pueblo español ratificó el texto aprobado por las dos Cámaras”, resaltando también que la abstención había sido más alta de la prevista. Ilustraba la portada de ese día la foto de los reyes Juan Carlos I y Sofía depositando su voto en la urna. Zamora se mantuvo un poco por encima en cuanto a participación y el “sí” triunfó de una manera rotunda con el 83,5% de los votos de un censo del que había votado casi el 70%. Un año antes habían resultado elegidos por Zamora cuatro diputados. La provincia de Zamora había respaldado plenamente el referéndum sobre la reforma política en 1976. Votó el 84,37% del censo y un 96,3% apoyó el cambio liderado por el presidente Suárez. Los zamoranos, pues, formaban parte de aquella sociedad española mayoritariamente moderada que asistió a una Transición histórica resuelta sin traumas violentos.

La sangría poblacional acabaría mermando la representación parlamentaria en el Congreso años más tarde. Pero entonces, el padrón superaba aún los 230.000 habitantes, a pesar de que eran muchas las reivindicaciones pendientes. A partir de la aprobación de la Constitución, poco a poco se van superando miedos. Impera la ilusión en una sociedad zamorana mayoritariamente compuesta por una clase media despolitizada, pese a los problemas que afronta. El salario medio rondaba en 1978 entre las 25.000 y las 30.000 pesetas y la situación económica de la provincia la colocaba, como ahora, a la cola de los índices del bienestar del país. La renta per cápita había empeorado con respecto a 1975 y se situaba un 32% por debajo de la media española. La sequía padecida dos años antes supuso una pérdida para el campo de 1.500 millones de pesetas de entonces, dado el fuerte peso del sector primario. Son años en los que comienzan los movimientos sindicales y se crea la patronal zamorana AZE.

Hoy, Zamora registra mejoras indudables, pero sigue enfrentándose al fantasma del envejecimiento y la despoblación. La situación económica sigue colocando a la provincia en los últimos puestos. El salario medio ronda ahora los 1.100 euros brutos al mes (unas 180.000 pesetas sin tener en cuenta el aumento del coste de la vida durante estos 40 años y antes de impuestos), el más bajo de toda Castilla y León. Un 22% de los trabajadores gana menos de la mitad de lo establecido en el Salario Mínimo Profesional y se han perdido más de 62.000 habitantes desde aquel 6 de diciembre. El paro afecta a más de 11.600 personas y la mitad de ellas solo percibe el subsidio. Aquellos jóvenes que acudían a las urnas en 1978 se acercan o están ya jubilados. Por cada pensionista apenas hay un zamorano (1,26%, según las estadísticas) que trabaja. La fuga del talento joven es otro de los fantasmas que combate día a día la sociedad zamorana. Una media de 3.000 personas emigra cada año por la falta de trabajo, la mayoría jóvenes bien formados, una generación muy distinta a la de los flujos emigratorios de los 50 y 60 pero el motivo que les empuja es el mismo: la falta de oportunidades.

La pujanza de la industria agroalimentaria, las bodegas, quesos y demás productos amparados bajo marcas de calidad son un oasis en medio de la preocupación diaria que ha cristalizado en varios movimientos ciudadanos a lo largo de estos años. El último, Zamora 10, compuesto por la clase empresarial que pretende estimular la inversión con nuevos proyectos.
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