La Opinión-El Correo de Zamora forma parte del selecto club de los periódicos centenarios de España, ocho de los cuales radican en Castilla y León. Durante 121 años ha acompañado a los zamoranos, convirtiéndose en indiscutible referencia para ellos. Ha recibido un amplio reconocimiento social, expresado a través de su liderazgo de los medios de comunicación en Zamora, y también institucional, a través, por ejemplo, de la Medalla de Oro de las Cortes de Castilla y León. Desde 1992, y tras la fusión de las dos cabeceras que convivían en la provincia, viene desarrollando su labor dentro de uno de los grupos de comunicación más importantes de España, Prensa Ibérica.

Un grupo que, durante sus ya cuatro décadas de vida, ha sabido consolidar su posición, tanto en prensa escrita como en formatos multimedia. Y hoy cuenta con presencia en nueve comunidades autónomas de España, a través de 16 cabeceras diarias. Enhorabuena por esta historia de éxito, y los mejores deseos de cara al futuro.

En una afortunada coincidencia histórica, a lo largo de estos 40 años Prensa Ibérica ha dado cumplido testimonio de lo que, sin duda, ha sido uno de los mayores aciertos de nuestra sociedad. Y es que nació cuando culminaba nuestra Transición, ese momento histórico en el que, no sin esfuerzo, triunfó la voluntad de concordia para superar, del mejor modo posible, un período histórico especialmente largo y oscuro. La culminación de este proceso fue la aprobación de una Constitución ejemplar. Sin duda, la mejor que hemos tenido.

Un logro de nuestra Constitución es la creación del Estado de las autonomías, de cuya construcción Prensa Ibérica ha sido testigo

Desde hace cuarenta años, la Constitución de 1978 es nuestro marco de convivencia fundamental. Nos ha permitido disfrutar del más largo período de paz política, prosperidad económica y bienestar social de nuestra historia. Nos abrió las puertas para ocupar el lugar que nos corresponde en Europa y en la comunidad internacional. Y ha servido para construir una España de la que podemos sentirnos orgullosos, inspirada en los cuatro principios que están presentes en su primer artículo: la libertad, la igualdad, la justicia y el pluralismo político.

También fue un logro de nuestra Constitución ofrecer alternativas efectivas para expresar la diversidad social y territorial de España, a través del denominado “Estado de las Autonomías”, de cuya construcción Prensa Ibérica ha sido, asimismo, testigo.

En Castilla y León, la descentralización ha permitido acercar el poder a los ciudadanos, reforzar la identidad propia en el conjunto nacional, avanzar en la calidad de los servicios públicos e impulsar el desarrollo económico y la cohesión social. Así ha sido gracias a un “autonomismo útil”, al servicio de las personas, consciente de que la forma de ganar su propia legitimación era contribuir al bienestar de todos. Este ha sido el objetivo, en nuestra comunidad, a lo largo de estos 35 años de autonomía, efeméride que también conmemoramos en 2018.

Castilla y León ha sabido, en efecto, aprovechar estos años de libertad constitucional y autonomía política para mejorar la calidad de vida sus ciudadanos, de un modo que es difícil que se hubiera conseguido -sobre todo en el medio rural- en el marco de un Estado centralizado. Nuestras generaciones más jóvenes han nacido y crecido en este modelo de Estado autonómico, que ha estado presente en sus vidas y ven como algo próximo y cotidiano. Y sus padres pueden darles testimonio del impulso que nuestra tierra ha experimentado en este tiempo.

Así se aprecia, en primer lugar, desde el punto de vista de la economía. Hoy nuestra comunidad genera una riqueza siete veces mayor que hace treinta y cinco años (casi 60.000 millones de euros hoy, por menos de 8.500 millones de euros entonces). Castilla y León está mucho más abierta al exterior, con unas exportaciones que se han multiplicado por trece y que han ayudado a sobrevivir y crecer a muchas empresas y sectores económicos en los largos años de crisis. Somos también una comunidad hoy mucho más innovadora, que ha alcanzado la quinta posición de España en esfuerzo tecnológico, con gran protagonismo de sus universidades y del tejido empresarial. Una comunidad más industrializada que la media de España, con sectores estratégicos como la automoción, en el que hemos duplicado sobradamente los automóviles que fabricamos, hasta alcanzar el liderazgo nacional en los últimos años; una potente industria agroalimentaria y una gran fortaleza en la producción de energías renovables. Además, todos hemos vivido la modernización de nuestras actividades agrícolas y ganaderas, el empuje de nuestro turismo rural o la terciarización acelerada de nuestra economía.

Juan Vicente Herrera entrega el premio Francisco de Cossío a la periodista de La Opinión-El Correo de Zamora Irene Gómez por la investigación sobre la pederastia en la Iglesia española. | Emilio Fraile

La evolución de los servicios públicos ha sido también más que notable. Castilla y León lidera los resultados educativos en España tanto en calidad como en equidad, según viene acreditando la OCDE en su Informe PISA. Es la comunidad no foral con mejor valoración de sus servicios sanitarios, según la Federación de Asociaciones para la Defensa de la Sanidad Pública. La mejor valorada, también, en cuanto al desarrollo de sus Servicios Sociales, como señala la Asociación de Directoras y Gerentes de España. Y viene encabezando, ya en once ocasiones consecutivas, el ranking de comunidades que mejor gestionan la Atención a la Dependencia. Resultados que se han conseguido, muchas veces, de la mano de un Diálogo Social que ha sido calificado como ejemplar por la Oficina Europea de la Organización Internacional del Trabajo (OIT).

Por otro lado, y aunque seguimos reivindicando la corrección de carencias todavía sustanciales, hace 35 años apenas había 41 kilómetros de autopistas o autovías en Castilla y León: hoy son casi 2.400 kilómetros. El parque de vehículos ha pasado de 665.000 a más de 1,7 millones. El salario medio, de poco más de 8.400 euros a más de 19.000. Pero quizás el proceso social más importante que hemos vivido ha sido la fuerza con que las mujeres han reclamado su posición en la vida social, laboral e institucional, y todo lo que han aportado a la evolución de nuestra tierra, a pesar de que hay mucho que avanzar aún en el camino de la igualdad.

Y aún nos queda lo más importante: el futuro. Con retos que deberemos afrontar entre todos. La respuesta a unos problemas demográficos más intensos que en otros territorios, pero comunes a muchas partes de España y de la Unión Europea. El desafío de la digitalización y de la Economía 4.0. El reto de la sostenibilidad y mejora de los servicios públicos fundamentales. O el de cohonestar cada vez con más acierto el progreso económico y el respeto al medio ambiente, a través de una gestión más inteligente y sostenible de los recursos naturales.

Estas son algunas de las grandes líneas de trabajo necesarias para construir la Castilla y León y la España de los próximos cuarenta años. Estoy convencido de que Prensa Ibérica, y todos los medios que integra, van a formar parte de ese apasionante viaje.