Cuarenta años de franquismo y cuarenta años de Constitución. El franquismo caló hasta la médula de la sociedad, y la Constitución hizo un borrón y cuenta nueva sobre el papel, pero no sobre las mentalidades que cambian poco a poco y de generación en generación.

En junio de 2015 me dirigía hacia la puerta del Ayuntamiento con mis compañeros concejales, con Cayo Lara, con Amable García y otros. Nos habían hecho un pasillo mucha gente muy diversa, como a los ganadores. Tomaba el gobierno el alcalde “comunista” y muchos esperaban acción y contrarreacción, enfrentamientos verbales, tensión y desgaste para nosotros.

No fue así. El mérito de estos casi tres años y medio, ha sido intentar cambiar la imagen estereotipada que se podía tener de la izquierda “comunista” por la imagen real; es decir, convencer de que un Gobierno de izquierdas es un equipo de trabajo, sensatez, raciocinio y prudencia, todo ello aderezado con honradez en las acciones de gobierno. Yo nunca he pertenecido al PCE, sino que he militado en IU, pero algunos de nuestros concejales llevan ese emblema grabado a mucha honra en el corazón.

Los ayuntamientos del cambio existen desde el 78, fueron muy útiles para la sociedad y lo siguen siendo

De esta manera, se tomaron decisiones impensables en otras épocas, como, en aplicación de la Ley de Memoria Histórica, la reparación moral de los empleados municipales depurados o la retirada de medallas a Franco y cargos franquistas. En algún caso, con el apoyo de la derecha. Y otras decisiones sobre aspectos religiosos o “semanasanteros” que la sociedad ha tomado de manera tranquila y desapasionada.

No se trata de hacer un repaso de las decisiones que se han tomado, sino de remarcar que lo que parecía antes imposible de asumir por la sociedad zamorana, hoy parecen cuestiones superadas. Sin duda, la apreciación política de la sociedad sobre los llamados comunistas ha cambiado y ahora, quizás, el debate ya no es “quiénes son”, sino “qué hacen”.

En el medio quedan informaciones tendenciosas, tergiversadas, gritonas y extremistas de algunos medios nacionales de derechas que intentaron minar desde el primer día la imagen del alcalde y su equipo. Queda lejos, a modo de ejemplo, el vídeo, que todavía puede verse en Youtube, sobre “el sofá rojo del alcalde” y el despilfarro que supuso, según decía en directo alguna concejala de la derecha, ante las risas tontorronas de los tertulianos de combate partidista. Queda tan lejano que parecen que han pasado muchos más años. Incluso, alguno ya ni se acuerde.

En 2015, por primera vez, Zamora tuvo un alcalde de Izquierda Unida. | Emilio Fraile

Hace cuarenta años lo mismo pasó con la Constitución y la llamada Transición. Poco a poco se fueron imponiendo las costumbres democráticas, los derechos civiles y la participación popular en la toma de decisiones. Hubo sus dificultades en forma de intento de golpe de estado, pero también ahora parece lejano en el tiempo. Todo se ha normalizado. Al margen de que algunos pretendan segundas transiciones o nuevos procesos constituyentes, no deja de ser simplemente la aplicación de la democracia, que puede cambiar tanto desde aspectos de perdón de una época, como las retiradas de medallas a policías como “Billy el Niño” o a Franco, como poder cambiar el régimen de monarquía a república. En democracia deciden los ciudadanos y sus representantes.

Incluso la derecha también participa de intentar cambios constitucionales, como es la moción presentada en el Ayuntamiento de Zamora para que gobierne la lista más votada.

La Constitución de 1978 impone un sistema parlamentario, es decir, un sistema en el que los representantes organizados en grupos políticos, votan un presidente de Gobierno. No gobierna en España la lista más votada, sino la lista o las listas que aúnan mejor el sentir de todos; es decir, quien tiene más apoyos.

La ley electoral, traslada esta concepción a los ayuntamientos, y así no gobierna la lista más votada, sino la que tiene más apoyos en fórmula de mayoría absoluta de concejales. Si nadie tiene esa mayoría absoluta, sí gobierna la lista más votada de forma automática. O acuerdo, o lista más votada: esa es la ley.

La derecha en España tiene hoy poca empatía para el acuerdo y por eso prefiere el automatismo a la hora de formar Gobiernos. Huye del consenso. Sin embargo la izquierda traba mejor gobiernos diversos, transversales y compartidos.

Ayuntamientos del cambio han existido desde la Constitución del 78. No se han inventado ahora, sino con los primeros pactos de comunistas y socialistas. Fueron muy útiles para la sociedad y lo siguen siendo. En algunas comunidades autónomas han sido frecuentes, pero no así en Castilla y León. Zamora ha sido pionera en capitales de nuestra comunidad con alcaldía de IU. Y si ha sido posible aquí, con la sociología que todos conocemos, puede ser posible en otros muchos lugares dominados históricamente por la derecha, incluida la Diputación Provincial.

Las llamadas “confluencias” de izquierda no parecen avanzar en apoyos y son el marco óptimo para la disolución de la marca IU. Craso error. El PCE fue clave en la Transición y logró el apoyo de las clases populares. IU siguió en esa línea. Partidos respetados que no pretendían asaltar el cielo, sino vivir y moverse con los pies en la tierra. La confluencia en la que nos hemos metido genera confusión y pérdida de visibilidad de nuestra organización venida a menos porque alguien tira con fuerza de ella hacia el precipicio. En fin, que sea lo que tenga que ser… Pero que no desaparezcan nuestras ideas de libertad y de igualdad, aunque pudieran desaparecer las siglas de nuestro partido.

La Constitución necesita reformas: garantizar los derechos sociales y económicos por ley, mayor proporcionalidad en elecciones, avanzar hacia la República y separación del Estado de cualquier confesión religiosa. Bien es verdad que cambiar algunos conceptos constitucionales se torna casi imposible, porque exigen innumerables trámites, acuerdos, referéndum, etc. En todo caso, la Constitución Española es un texto avanzado y que puede ser utilizado perfectamente por un Gobierno de izquierdas. Otra cosa son las ataduras del sistema económico capitalista y la normativa internacional que en estos momentos suponen un verdadero muro al avance de los derechos de los trabajadores.