| Pasión por Zamora |
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| domingo, 16 de mayo de 2010 | ||||||
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Con la alegría que la caracteriza Iza María Barbosa Flores Marcos describe su relación con Zamora como «la historia de una verdadera pasión». Ana María CaveroAunque nació en Oporto, Portugal, fue a través de su padre y sus abuelos que aprendió a querer esta tierra. «La primera vez que oí hablar de Zamora fue a los 6 años cuando una profesora que nos entusiasmaba con sus relatos sobre la historia nos explicó que el primer rey de Portugal Afonso Henriques se hizo coronar solemnemente en la Catedral de Zamora ciudad que en aquella época era considerada la Roma de la Península Ibérica. Me acuerdo también que mi abuelita Teresa Marcos Martín, natural de Buenos Aires pero de orígenes fermosellanos, siempre me hablaba con orgullo de la riqueza monumental de Zamora y de sus importantes procesiones en la Semana Santa. Así que, desde muy niña, alimenté una gran curiosidad sobre esta ciudad. Años después, en la Universidad de Oporto, donde me gradué en Historia con la especialidad en Historia del Arte, me enamoré del exquisito románico zamorano. Pero el interés se incrementó aun más cuando empecé a investigar la genealogía de mi familia», cuenta. «Emprendí una búsqueda sentimental para conocer a mis antepasados y también a mí misma» Iza Barbosa quien ya tiene escritos tres libros sobre genealogía en Portugal explica que sintió la necesidad de escribir sobre sus ancestros españoles la primera vez que visitó Fermoselle. «Con mis 42 años de edad lloré como una niña por la emoción de pisar la tierra de la que tanto me hablaban mis abuelos y mi padre. Decidí entonces emprender lo que considero una búsqueda sentimental para conocer a mis antepasados pero también para conocerme a mí misma». Para Iza Barbosa, la genealogía se ha convertido en una pasión pues no sólo le permite comprender sus orígenes y a ella misma «ya que soy el fruto de tantas generaciones» sino que además le permite realizar un trabajo complejo «semejante al de un detective pero con mucho más encanto» por la carga de emotividad que lo envuelve. «El día en que presento un trabajo, cuando publico el libro de una familia es un día muy especial. Hay una impresionante multitud de sentimientos positivos y los parientes se vuelcan unos en los brazos de otros con una alegría tan grande que compensa todo mi esfuerzo. Además, la genealogía me ha hecho comprender mejor a la humanidad en sus varios aspectos. Para mí es un trabajo de paz, unión y solidaridad y siempre me pregunto cómo serían de diferentes las relaciones entre las personas si supiéramos que todos, de algún modo, estamos unidos por lazos de familia». Las raíces fermosellanas de Iza le vienen por el lado paterno. Su abuelo José Manuel Flores Vaquero emigró a Portugal donde fundó una casa comercial y su padre Oscar José Flores nació en Portugal pero toda su vida se sintió zamorano por lo que hace poco, con 88 años, obtuvo la nacionalidad española. «Sobre mis ancestros de Fermoselle descubrí que en su gran mayoría fueron labradores y se dedicaron a esa actividad hasta finales del siglo XIX cuando empezaron a emigrar hacia Sudamérica o como en el caso de mi abuelo hacia Portugal», cuenta. Para seguir el rastro de su familia Iza cuenta que se ha remontado hasta principios del siglo XVI ya que es a partir de esa fecha que existen registros de los libros parroquiales. «He descubierto que tengo antepasados o familiares cercanos que fueron clérigos, amén de artesanos y comerciantes. Quizás el personaje más interesante de entre los que he investigado sea mi bisabuelo Eduardo Marcos Seisdedos Carretero, quien nació en 1868 tuvo una vida de leyenda, y se casó en Buenos Aires con Isidora Martín Lozano, y falleció en 1949». La investigadora dice que realiza un trabajo «semejante al de un detective, pero con mucho más encanto» Es una verdadera enamorada de la ciudad y dice que de Zamora le gustan muchísimas cosas: «Tiene una inmejorable situación geográfica que le da encanto y belleza. Su casco antiguo, un precioso conjunto histórico artístico, enmarcado por las murallas está muy bien conservado, lo mismo que su castillo, la catedral, sus iglesias románicas y sus palacios renacentistas. Además, sus calles estrechas y empedradas, le confieren un curioso ambiente medieval a una ciudad en la que todavía es posible disfrutar de una paz única, tan rara en nuestra época. ¿Qué más puedo decir? De Zamora me gusta todo. Sus monumentos bien cuidados, sus características cigüeñas, su exquisita gastronomía, el silencio de sus mañanas, el olor de sus árboles y de sus jardines, la luz dorada del atardecer y sobre todo la amabilidad de sus habitantes porque al fin y al cabo las ciudades son lo que son sus gentes». La investigadora espera poder tener terminado el libro para el próximo mes de agosto y para la presentación desea poder contar con la presencia de muchos de sus amigos portugueses a los que Iza les ha transmitido también un enorme cariño por Zamora. «Todos quieren venir a conocer esta ciudad. El interés que les desperté es tan grande que en el próximo año voy a traer un gran grupo para hacer un trozo del Camino de Santiago por la Ruta de la Plata», puntualiza.
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