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La seña bermeja en Manila |
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viernes, 07 de mayo de 2010 |
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Daniel Satué, un embajador zamorano en Filipinas, a más de 13.000 kilómetros de su tierra de origen
Ana María Cavero La ciudad de Manila se ha convertido desde hace siete meses en el hogar de Daniel Satué Lantarón, un zamorano con alma aventurera pero que allá a donde va siempre lleva a su tierra en el corazón. Daniel dejó Zamora a los 17 años para estudiar la carrera, primero en Salamanca y después en Liverpool, en el Reino Unido. Tras terminar sus estudios de informática se instaló en Barcelona donde vivió hasta que el año pasado se le presentó la oportunidad de un proyecto de trabajo para ser el informático de la oficina comercial de la Embajada de España en Manila, no lo pensó dos veces y para allá se fue. «De momento estaré aquí 12 meses con un perfil de administrador de sistemas y después... ya se verá», afirma. Daniel Satué señala que lo que más le gusta de Manila es el clima ya que «es un verano continuo y siempre se pueden hacer planes exóticos. Aunque he de decir que puede cansar, al menos a mí que siempre he tenido inviernos y los agradezco». También aprecia el entorno natural de la ciudad, las interminables opciones de escapadas que ofrece y valora especialmente el carácter de los filipinos: «La gente de aquí es muy agradable y servicial. Siempre tienen una sonrisa en la cara. Aunque haya diferencias en costumbres que puedan resultar desagradables a un occidental, los considero educados y amigables», sostiene. Del otro lado de la moneda lo que peor lleva es el entorno en el que vive. «A pesar de que vivo en Makati, que sería el distrito mimado y cuidado de la ciudad por su importancia como centro financiero, estoy rodeado de polución, ruido y tráfico. En el país hay una desorganización general que no es más que el resultado de la corrupción que existe en las altas capas de la sociedad filipina y no puedo evitar sentirme afectado por cosas tan injustas como que a pocas manzanas de mi entorno, donde todo parece ir tan bien, hay gente y niños durmiendo en la calle». Lejos de Manila las cosas cambian y por eso una de las opciones preferidas de Daniel para cualquier fin de semana es dejar atrás el bullicio de la ciudad: «Fuera se respira una tranquilidad exagerada, la gente vive felizmente pese a sus condiciones económicas o higiénicas, quizás porque son demasiado sumisos como lo demuestra la historia colonial del país. Pero en esa actitud tranquila del pueblo filipino, de su famosa expresión “bahala na” o “lo que tenga que ser, será” he encontrado más de una vez algo brillante, que me ha hecho preguntarme si la riqueza de un país se mide por su dinero o por la felicidad de sus gentes. En el segundo caso, desde luego, Filipinas es de los países más ricos que he conocido». Además de conocer a fondo Filipinas Daniel ha tenido la oportunidad de visitar muchos rincones del sudeste asiático por que viajar es una de sus grandes pasiones y no duda en confesar que cuando más feliz ha sido es cuando ha estado viajando. «Suelo decir que nos han puesto en un mundo tan interesante que es una falta de educación quedarse en casa y no salir a verlo. Viajar te abre la mente, te hace sentir especial y es una Universidad Social». Además a Daniel le gusta viajar solo y a la aventura porque dice que así aprende mucho más y le emociona saber que en cualquier momento puede pasar algo inesperado. De cara al futuro Daniel espera poder seguir viajando por lo menos durante los próximos dos años y por ahora no tiene planes de volver a vivir en Zamora. Sin embargo, no puede evitar echar de menos a sus padres y hermanos «que son la familia más chula que se puede tener», a su novia y a sus amigos. También afirma que aunque le gusta la comida local siempre extraña «un un buen vino o un plato de jamón ibérico» y que el vivir actualmente en un país de clima cálido y húmedo todo el año le hace recordar con nostalgia el invierno de España «al que le solemos tener manía y es muy importante para marcar ciclos y hacer que un año parezca distinto». Como buen zamorano amante de su tierra hay pequeños detalles que Daniel Satué lleva grabados en la mente y en el corazón como «la luz en verano a las seis de la tarde paseando en bici por algún pueblo de Aliste, el olor de la tierra en septiembre, antes y después de la lluvia, cerca de la sierra de la Culebra o una puesta de sol en La Encomienda... esas son las cosas que te dibujan una sonrisa en la cara cuando las recuerdas... y demuestran que la añoranza existe».
«Estamos en un mundo tan interesante que es una falta de educación quedarse en casa y no salir a verlo»
Los sonidos son para Daniel igual o más importantes que las imágenes. Por eso nunca tuvo cámara de fotos y para recordar los sitios prefiere grabar su sonido. «Si escucho uno de mis sonidos y cierro los ojos viajo directamente hasta el contexto original», señala. En el caso de Zamora dice que el sonido que más le recuerda su ciudad natal es «una pieza de la Semana Santa y, siendo hijo de quien soy, cualquier obra de mi padre Enrique Satué». Al estar tan lejos y como su familia y amigos le pedían continuamente fotos e historias sobre sus viajes Daniel decidió crear la página web «Diesel trips» que como explica «se trata de la fusión de imágenes y sonidos de un sitio en particular, creando una experiencia virtual mediante las imágenes proyectadas, fotos o vídeos, y el audio a alto volumen. Pensé que montar mi proyecto en formato web era la manera más rápida y cómoda de compartir y hacerles llegar a todos mis experiencias y sensaciones. Así que me compré una cámara, empecé a currar, y acabó así». Este interesante proyecto puede verse y disfrutarse en: http://www.trips.dsldiesel.es.
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